La muerte desde una comprensión psicológica y psicoanalítica

Cuando la muerte nos visita como realidad inevitable e inesperada, a nivel mental y emocional se genera un rompimiento de los lazos afectivos internos y externos. Esta ruptura se siente en ocasiones como un vacío, un peso en el pecho, la sensación de avanzar en cámara lenta o la sensación que todo se ha detenido. Emergen emociones como tristeza, rabia acompañadas se sentimientos de agobio por ser forzada la persona en su interior a huir de ellos o a vivirlos y sufrirlos en soledad. Pocas ganas se sienten de compartir con otras personas. Se siente una lucha interna contra la agonía que representa la pérdida (Muñoz y Sánchez, 2010)


Lo anterior ha sido escrito desde una comprensión psicoanalítica que nos ayuda a vislumbrar elementos importantes para explorar lo que acontece en nuestro interior ante la muerte. Esto aplica tanto a la muerte de un ser querido como a la muerte de aspectos más profundos como los sueños, capacidades, posibilidades, expectativas.


En ocasiones nos centramos en pensar, que perdemos a la persona; no obstante, poco pensamos en que perdemos la rutina o la idea de saber que lo íbamos a ver otro día.


Pensando más profundo aún, cuántos de nosotros cada día perdemos la expectativa de que las cosas suceden como queremos y como esperamos, de manera inmediata, rápida, quedándonos con la tristeza, la rabia y la frustración. Llegamos a casa o permanecemos en casa bajo el yugo de ese sentir, y nos vamos a dormir dejando allí en la mente y el corazón, ese peso.


Una de las invitaciones que quiero hacer, es tomarnos un momento para meditar y preguntarnos ¿Qué siento que he perdido hoy ? ¿Qué se ha muerto?


De esta forma, traeremos a la consciencia aquello que nuestra mente y nuestro corazón percibe como pérdida. Posteriormente, fortalecer la gratitud aún sin las ganas de agradecer por aquello que no se ha perdido , que se ha recibido, que se ha mantenido.


A donde le permitamos a nuestra mente dirigir la atención, allí va a permanecer. Si nos enfocamos en guardar esas agonías , esos pesos, esas emociones en lo profundo viendo la vida desde lo que perdemos, al final de cada día nos sentiremos más desesperanzados. Esto es una trampa, porque si bien perdemos expectativas, no controlamos la realidad, somos responsables y libres para decidir. No se trata de guardar ni de negar lo que sentimos y pensamos, se trata de traerlo a la consciencia, darnos cuenta que tenemos mucho más de lo que nuestra mente percibe que pierde.


Permítete sentir y no huir o sufrir en soledad. Se requiere de tiempo. Se haya muerto alguien o algo más profundo en tu interior, no lo dejes pasar, no dejes que siga de largo contigo. Explora y descubre en compañía, alternativas para reponerte poco a poco. Tampoco investigues por tu propia cuenta qué debes hacer o cómo debes afrontarlo ya que tu experiencia, tu forma de ser, sentir y pensar son únicas. Lo que puede ayudar a otros puede no ayudarte a ti, así que permítete descubrirte, reconocerte si estás viviendo éste proceso o tomas consciencia de esas "pequeñas muertes diarias" de tus expectativas, anhelos, sueños, ideas... Que puedas encontrar el camino que se adecue a ti, y si no lo encuentras, puedes comenzar a construirlo. Puede ser que lo que tú construyas sea de ayuda para otras personas.




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