El reflejo del corazón: la forma de hablar

Dice Jesús:

"¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado? 18.En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. 19.Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias." Mateo, 15 17 - 19 Estos versículos del evangelio me recuerdan que muchas veces cuando estamos conversando con alguien, esa persona tiene una historia de vida, un corazón, una forma de pensar. Lo que expresamos sea de manera adecuada o no, quien nos escucha, interpretará lo que decimos de acuerdo a lo que haya dentro de su corazón.


Ahora, pensemos lo anterior puesto en nosotros mismos


Si yo recibo un mensaje de alguna persona, una palabra, esto genera en mí una reacción. Esa reacción está permeada por sentimientos, emociones, percepciones mías que, de acuerdo a la limpieza que esté haciendo en mi interior, van a surgir desde el amor o desde el ego.


En una ocasión hice una pregunta a alguien y la persona no respondió mi pregunta, sino que respondió otras cosas alejadas de la pregunta que le había hecho. Esta persona estaba muy enojada. Como yo puse mi atención en escuchar lo que decía sin caer en la cuenta de que la persona estaba hablando de otra cosa distinta, yo hice una pausa y respondí a lo que me decía. Mi intención era tranquilizar a la persona, es decir quería retomar el control de la situación. Esa sensación de pérdida de control, me hizo sentir miedo. Desde el miedo ya no pude escuchar y volver a la pregunta inicial.


Que esto que les comparto hoy, nos lleve a reflexionar en que no se trata de saber o no herramientas de comunicación asertiva, sino de ver a la luz del Espíritu Santo qué es lo que hay en nuestro corazón que se manifiesta en lo que sale de nuestra boca.


Estamos acostumbrados a culpar a los demás: “es que ella o el me dijo que… y eso no era así”. Cuando alguien nos dice algo y nos molesta o nos da rabia y queremos defendernos puede ser por varias razones:

  • Porque dudamos de nosotros mismos y de Jesús que nos acompaña para escuchar y responder

  • Porque la persona tiene razón en lo que dice y no queremos admitirlo por soberbia, ego y orgullo

  • Porque no aceptamos que el otro desde su perspectiva tiene razón y yo desde la mía también tengo razón. La cuestión es llegar a un acuerdo y comprensión del mensaje.

  • Porque asumo que soy sabio o sabia y no necesito lo que el otro me dice porque ya lo sé. Si lo sabes, pero sientes rabia que te lo repitan, es porque te cuesta vivir eso que sabes. Pero aceptar que no lo vives, hiere el ego.

Meditemos y reflexionemos lo siguiente:

  • Observemos cómo le hablamos a quienes viven con nosotros.

  • De qué forma respondemos ante alguna petición

  • Cuánto escuchamos realmente lo que nos está preguntando o diciendo para responder.

  • Qué hay en nuestro corazón que nos está contaminando y sale de nosotros en palabras crueles, indiferentes.

  • Cuál de las razones que expuse anteriormente por las que nos enojamos y podemos llegar a la ira, aplica para ti.


En un proceso psicoterapéutico, las palabras son el ancla de las verdades ocultas en el interior, por esto es que el diálogo es un primer paso a la sanación y es una herramienta terapéutica fundamental. El Maestro Jesús ya lo había descubierto.


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