El duelo desde la fe y la psicología: Parte 2

El duelo es un proceso inevitable. Acontece inmediatamente se vive una perdida. Las perdidas pueden ser por fallecimiento de un ser querido, por ruptura de relaciones de cualquier tipo, por los cambios sean grandes o pequeños, por funciones biológicas que se pierden o por pérdidas fruto del transcurrir de la vida. En todos estos aspectos el duelo se vive.


Pensemos a la luz de la etimología de la palabra. Volver a la raíz, al origen de algo nos permite comprender con mayor profundidad lo que esto quiere decir. Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE) el duelo viene del latín dolus que significa dolor. Es interesante el otro significado: el duelo que proviene del latín duellum que significa combate entre dos

o guerra.


Cuando experimentamos una pérdida sea del tipo que sea, entramos en una guerra con nosotros mismos: una parte que siente dolor, y la otra parte que se encarga muchas veces de recordarnos el hecho, de traer a nuestra mente recuerdos agradables y desagradables, como si su misión fuera mantener la situación constantemente presente y torturarnos de cierta forma.


Inicie esta reflexión diciendo que el duelo es un proceso. Cada persona, cada ser humano tiene una historia, una forma de sentir, de pensar de recordar, de soñar de entender distinto. Que sea distinto para cada uno de nosotros, no deja de lado el proceso. La vida, es un proceso, incluso la muerte es un proceso. Quisiéramos muchas veces que ese proceso pasara rápido. No nos gusta

percibirnos ni sentirnos frágiles y débiles, mucho menos que los otros especialmente aquellos que nos conocen, nos perciban y sientan de esa manera. Hay un ego en nuestro interior que nos hace sentir impotentes frente a la fragilidad y darnos cuenta, que no podemos hacer algo diferente a vivir la experiencia del sufrimiento, de la situación, de lo que sea que estè generando

dolor, hiere nuestro ego.


Podemos culpar a la sociedad, podemos culpar a Dios, podemos culpar a los demás, incluso a nosotros; y està bien en un primer momento desplegar y exteriorizar ese sentir. Sin embargo, no es ese el mejor camino que permite crecer y ver como una oportunidad, la visita del dolor y del sufrimiento. Ademas porque es una realidad tan cotidiana, les he mencionado el sufrimiento que causa

que las cosas no sean como queremos, como pensamos. Que las personas no se queden en nuestra vida todo el tiempo que soñamos, que planeamos. Todo eso que habita en nuestra mente y se proyecta a un futuro, cuando no se realiza según ese deseo interior, nos lleva a un dolor profundo, y si se mantiene en el tiempo, a un sufrimiento constante.


Entonces nosotros somos participes del proceso. Podemos vivir este proceso con sentido profundo, con el objetivo de dejarnos transformar, rehacer y ser mejores, no iguales; o podemos vivir el proceso desde la culpa, la desesperación y la incertidumbre permanente. No significa que vivirlo desde el sentido profundo, no nos cause incertidumbre, la diferencia es que no nos estancamos allí.


Ejercicio de profundización


Les he invitado a que escribamos cartas. Les recuerdo que escribir permite pensar por escrito para organizar lo que pensamos y descubrir lo que sentimos. Nuestra carta de hoy nuevamente va a estar dirigida a Jesús Niño. Vamos a contarle:


  • ¿En qué situaciones o vivencias nos hemos quedado estancados?

  • ¿Qué esperamos para trabajar de fondo esas situaciones si no las he podido dejar ir?

  • ¿Estoy viviendo un proceso desde la herida de mi ego?




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