El duelo desde la fe y la psicología: Parte 1

Esta semana estaremos reflexionando y meditando acerca del duelo. Sin embargo, es importante recordar o conocer las siguientes comprensiones que describe el psicólogo y tanatólogo colombiano Paulo Acero: El dolor es una sensación que aflige el cuerpo, el sufrimiento es un fenómeno de la psique (mente) que afecta las emociones; el duelo es un proceso emocional que surge a partir de la experiencia de pérdida que puede ser real o imaginaria. El luto es la expresión social del duelo.

Comenzamos noviembre con el tema de la muerte que nos lleva a una sensación de pérdida. Les compartía que podemos percibir y experimentar la muerte no solamente de un ser querido sino de múltiples aspectos: pérdida del trabajo, pérdida de una relación, pérdida de las expectativas frente al futuro, pérdida de las funciones, pérdida de capacidades, pérdidas emocionales, es decir, ya no queremos a alguien o alguien ya no dice sentir lo mismo por nosotros.

Todo lo anterior hace que surja el dolor que puede vivirse desde diferentes formas: en primer lugar, de manera constructiva como una oportunidad para crecer. En segundo lugar, desde la resignación, es decir, reconociendo la realidad de lo que se está viviendo desde la humildad sin resistirse a sentir; y en tercer lugar, desde la consciencia amorosa, es decir, percibir el dolor como una fuente de transformación y trascendencia.

Todo aquello que implique un cambio en nuestra vida así sea a nivel mínimo por ejemplo: “No quiero que llueva y llueve”, es fuente de pequeños o grandes dolores. No obstante, el dolor se convierte en sufrimiento, es decir, impacta las emociones, cuando acumulo esos pequeños dolores por esas pequeñas pérdidas del día.

Un ejemplo: En la mañana quería que no lloviera y llovió, salí de casa sin desayunar, me siento de mal humor porque no desayuné. Esperé el transporte público, pero por el tráfico tardó en llegar, de camino voy observando el reloj y pienso que ya voy tarde.

En este ejemplo, pareciera que la vida se vive de afán, y los eventos transcurren de formas que no estaban “en el plan de la mente”. Esto genera sensación de pérdida emocional, porque ya no está el buen humor, ya se sembró el pesimismo desde el inicio así que se entra en un estado emocional abrumado, desesperanzado. Cualquiera puede pensa

r: “eso es una exageración”. Si piensas esto, te preguntaría lo siguiente: ¿cuánto tiempo llevas viviendo así?

Si pensamos un poco más allá del perjuicio y nos permitimos observar la realidad, podemos darnos cuenta que vivimos en ocasiones acumulando frustración, cansancio, agobio, agonía, tristeza porque la vida no es como queremos, pensamos y esperamos. Entonces el sufrimiento está relacionado con la capacidad o incapacidad de asumir la realidad y de descubrir cómo vamos a afrontar esa realidad.


Ejercicio opcional de profundización:


Pensando en el Divino Niño Jesús, vamos a escribir nuestra primera carta de esta semana contándole lo siguiente:

  • ¿Cuáles son las pérdidas de mi día a día? (por ejemplo: me prometí no pelear y perdí la paciencia y volví a hacerlo; perdí una oportunidad, perdí las llaves) cualquier cosa, acción, sensación, emoción que sintamos que hayamos perdido.

  • ¿Qué dolores en el cuerpo me han acompañado últimamente? (por ejemplo: me duelen las rodillas desde que dejé de hacer ejercicio, o simplemente, me duele las rodillas la cadera, los ojos…)

Al finalizar, cuéntale aquello que no entiendes todavía de la muerte, del dolor, y aquellas dudas que tengas en tu mente y en tu corazón. Termina con un pequeño escrito de gratitud por lo que consideres que quieres agradecer hoy.



59 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo