El Arte de Orar bordando

Un artista conoce su obra porque la construye a través de un proceso en que le va dando forma a eso que está en su mente y en su corazón para darlo a conocer. Dios nos manifiesta que nos ha bordado, nos ha tejido, conoce profundamente nuestro ser tal como menciona el salmo 139 versículo 15 “y mis huesos no se te ocultaban, cuando yo era formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra”. En otra traducción encontramos: “Mis huesos no te estaban ocultos cuando yo era formado en el secreto, o bordado en lo profundo de la tierra”. Este versículo nos recuerda una imagen de Dios: Dios Artista, Dios tejedor, Dios que borda, Dios alfarero, un Dios Artesano.

Este proceso del artista de dar vida a una obra, tomarse el tiempo para construirla, se puede asemejar a una mujer cuando está en embarazo. Este proceso del embarazo es una obra impresionante porque la mujer no conoce físicamente al bebé que crece dentro de ella; tiene que esperar nueve meses para dar a luz a su criatura y conocer cómo es. El adviento es como la espera de una mujer que está en embarazo. No sabemos qué nos vamos a encontrar, pero está la certeza de la vida que va a nacer, la certeza de que es un regalo, una posibilidad que brinda seguridad y esperanza aun cuando se desconoce cómo se ve. Así mismo, los procesos de la vida tienen etapas de desarrollo, de construcción; ninguna idea, ninguna meta se logra mágicamente. Se presentan obstáculos, muchas veces hay que volver a empezar y hacer el trabajo más despacio aún cuando iba por buen camino.

El arte de bordar nos ayuda a reconectarnos con el proceso de la vida afianzando en nosotros la perseverancia, la capacidad de trabajar y culminar el trabajo. Mucho se ha descubierto en este tiempo de pandemia acerca del bordado que ya se utiliza como instrumento terapéutico porque invita a centrar nuestra mente en una actividad y fortalece la paciencia ya que, tenemos el hilo, la aguja y la tela, no obstante, son nuestras manos las que van entrelazando estos tres elementos para construir una obra. Se requiere de tiempo de muchas horas para lograr avanzar en ella, y si nos gana la impaciencia, el hilo se enreda o nos pinchamos con la aguja, o la puntada va quedando distinta y hay que deshacer. Sabemos que lograremos terminar en algún momento, que será hermosa la obra de nuestras manos, pero requiere de tiempo, requiere de un camino para lograr un trabajo bien hecho.

Sin embargo, hay un sentido de mayor profundidad cuando unimos el arte del bordar con todo el proceso que conlleva a la oración. Entrelazamos no solo la aguja la tela, el hilo sino la mente el corazón y el espíritu, porque así Dios nos bordó en lo profundo del vientre de nuestra madre, se tomó el tiempo para que le quedáramos muy bien hechos, somos obra de sus manos. Entonces el adviento nos invita a reconocer que la cultura, el mundo va a una velocidad que nos aleja de nosotros mismos y de Dios.

Por tanto, el bordado como herramienta de oración, prepara nuestro ser desde una actividad física y artística que requiere de trabajo para entrelazar los hilos de lo que hemos vivido, hemos sentido, hemos pensado a lo largo de este año para despojarnos de lo que nos impide recibir a Jesús. Es él que quiere nacer nuevamente el corazón para renovarnos con su humildad, con su amor, con su alegría nuestro interior porque en su palabra lo ha dicho: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21, 5).

Necesitamos instrumentos para hacer un bordado no se hace solo pensándolo, se debe trabajar, así mismo, debemos trabajar en nuestra relación con Dios en la persona de Jesús, porque la esperanza que nos regala Jesús no es una esperanza del mundo, de obtener cosas o que se cumplan nuestros deseos porque creemos que es lo que nos conviene. Su esperanza es como nos dijo en Juan 16, 33 “" En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.»". Caminemos pues en este adviento hacia el encuentro con este Jesús que, si ha vencido al mundo, también puede vencer en mí corazón y el tuyo, todo aquello que impide creer en él, en su palabra que es vida que reaviva la esperanza y la alegría para seguir adelante.


Katherine Ortiz




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